A finales del siglo XIX, miles de obreros mostraron su valor en medio de importantes protestas contra un régimen que no respetaba sus derechos.

En medio de la gran Revolución Industrial,  las jornadas de los trabajadores en las fábricas comprendían un mínimo de seis días laborables y 14 horas (por día) . Sin duda se enfrentaban a una constante explotación.

Aunque desde 1868 existía una ley, promulgada por el presidente Andrew Johnson (la Ley Ingersoll), que contemplaba una jornada laboral de 8 horas, las organizaciones laborales y sindicales de EEUU comenzaron a movilizarse debido al continuo incumplimiento de esta medida.

En Chicago la situación de los trabajadores era peor en relación al resto de las ciudades, consecuencia de ello, las protestas en esta parte del país se extendieron en los primeros días del mes de mayo de 1886, suscitándose varios altercados entre policías y manifestantes. Adolf Fischer, al respecto, publicó una fuerte proclamación en su periódico que terminó convocando a un acto de protesta para el día cuatro, a las cuatro de la tarde, en la Plaza Haymarket. Parte de este anuncio decía lo siguiente:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria. Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!. Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden… ¡Sequen sus lágrimas, los que sufren! ¡Tengan coraje, esclavos! ¡Levántense!”

Proclama publicada por Adolf Fischer

 

La concentración reunió más de 20.000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. Tras esta grave situación, las fuerzas de seguridad responsabilizaron a los manifestantes de la muerte y se detuvieron a más de 30 personas. De ellas, tres fueron condenadas a prisión y otras cinco fueron sentenciadas a pena de muerte – incluyendo a el periodista Adolf Fischer –. Su asesinato les encumbró con el nombre de ‘Mártires de Chicago’, y en su honor se declaró el 1 de mayo de 1889 como el Día del Trabajador.

 

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