Varias aldeas en Japón han sido abandonadas por sus habitantes quienes migran en busca de un mejor futuro a las grandes ciudades o por quienes ya cumplieron su ciclo de vida. Nagoro es un ejemplo, pero su situación es muy particular.

Ayano Tsukimi es parte de  apenas 35 habitantes que viven en Nagoro en la actualidad, con 65 años de edad, es una de las personas más jóvenes en el pueblo.

Después de vivir varios años en la gran ciudad de Osaka, Ayano decidió regresar a la tranquilidad de su pueblo y se dedicó a sembrar semillas en su jardín y al no obtener un favorable resultado, elaboró un espantapájaros que le asegurara una buena cosecha, al cual le dio un toque especial: creó un muñeco similar a su padre.

La japonesa se percató de su habilidad y talento para emular las características humanas en un muñeco, y ante la decadencia y soledad de Nagoro, comenzó a elaborar más muñecos de tela rellenos con paja y vestidos con ropa vieja.

Inspirados en sus parientes, amigos y vecinos, Tsukimi ha creado desde hace 10 años, más de 350 muñecos que ha colocado en sitios importantes para las personas que se fueron.

Los muñecos, que tienen una vida de aproximadamente tres años, son constantemente renovados por Tsukimi, quien se empeña en generar una oportunidad para que su pueblo vuelva de la muerte.

Colocados a la vista de quienes transitan por los caminos de Nagoro, Tsukimi espera atraer a un turismo intrigado en lo extraño de este pueblo.

Vía: culturacolectiva.com

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